09 septiembre 2010

La originalidad en claro (la sonrisa del difunto)

El hipercitado Baudrillard, así como sus pensamientos acerca de los "fenómenos extremos" (1991*), podría ubicarnos en algún punto de salida (o de llegada), no sólo cuando acuña: "El arte es presa en todas partes de lo falso, de la copia, de la simulación y simultáneamente de la inflación delirante del mercado del arte –auténtica metástasis de un cuerpo irradiado por el dinero–" (p.45), sino también cuando nos insta al modo auxiliar factitivo actual. Porque, si "la comunicación ya no es hablar, es hacer-hablar. La información ya no es saber, es hacer-saber" (siendo que "el auxiliar “hacer” indica que se trata de una operación, no de una acción"), y "la participación no es una forma social activa ni espontánea", sino que "está siempre inducida por una especie de maquinaria o de maquinación, es un hacer-actuar" (p.53). ¿Deberíamos "claramente" entonces entender que la originalidad sigue los mismos derroteros -como todo lo demás-? ¿que no hay originalidad, sino un hacer-originalidad de forma "obsesiva, operacional, performativa e interminable"?

Poco más adelante, en el texto, y sobre la virtualidad del asunto: "Si los hombres sueñan con máquinas originales y geniales, es porque desesperan de su originalidad, o porque prefieren desasirse de ella y gozarla por la máquina interpuesta." (p.58)

Saludos

* Baudrillard, J. (1991) La transparencia del mal (Ensayo sobre los fenómenos extremos). Barcelona: Anagrama.

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