19 octubre 2010

La adoración de la ilusión

A razón de los mitos de multiplicación, sean estos de orden teológico, simbólico o tecnológico -entre muchas otras variantes-, desde la imprenta hasta la clonación, la originalidad parece haber sido clave en la designación y tasación de aquello que escapa a la norma o lo regular, concepto que transforma el material en una pseudoadoración basada en la unicidad y la singularidad de "eso que sorprende", proveniente de "alguien a considerar" por el resto. Podría interpretarse, tal vez desde una visión demasiado personal, que es el término primero que propicia la copia, la apropiación y su misma difusión; y dada la violencia del imaginario actual, sería lógico entenderlo como punto de partida, a la vez que de llegada, de la reproductibilidad. Curioso sería que la reproductibilidad no tuviera ese don original de hacer público y múltiple lo que en el origen, en alguna mente, fuera privado y único (si quiera la proyección del mismo prototipo).
La historia de la humanidad ha sido multiplicación (quizás, como bien se dice en anteriores posts, como original método de extraña supervivencia –no sólo física–), la historia de una lucha por “globalizar” (ahora), “popularizar” (anteriormente) o democratizar (eufemísticamente), cualquier sistema, proceso, objeto, material, pensamiento, ..etc…, sea o no debido a nuestro ánimo de “convencer”.
El arte, evidentemente no ha permanecido ajeno a esta “situación”, pero desde un posicionamiento ambiguo. La difusión de esa gran disciplina, de esa magnífica obra legítima, por medio de la utilización de los cauces mercantiles necesarios, desarrolla en esa multiplicación y difusión, el aire de singularidad y unicidad necesario para permanecer inmóvil a sus estatutos tradicionales y románticos. Estableciendo movimientos comerciales, basados en la tasación económica y la promoción publicitaria que el mismo sistema conforma como tendencia actual, por mucho que de forma anti-sistémica (anti-institucional) se hubiera producido. Imágenes “únicas” conocidas a través de lo “múltiple” y en su reproducción,… pareciera que la originalidad de lo singular sólo fuera un mito más a observar únicamente en museos y estamentos oficiales, como un exceso hoy innecesario, martilleando su nulidad, “el ámbito de los artefactos deja atrás al arte”. Si es ahora el momento en que lo artesanal se ha transferido a lo electrónico, si el arte es hoy técnica (múltiple), donde “la mercancía no es el valor real, sino el estereotipo abstracto del valor” (Baudrillard, 2007) ¿sigue entonces siendo válida la ilusión de originalidad? Y si es así, ¿dónde la ubicaríamos?

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