30 octubre 2010

Los bigotes de la Mona Lisa

En 1919, Marcel Duchamp realiza un gesto estético/cultural que si bien aparece inscrito en el dadaísmo, excede con mucho cualquier “ismo” para plantear una interrogante a la reflexión estética y cultural hasta nuestros días. Se trata, por cierto, de los bigotes y la perilla dibujados sobre una reproducción de la Mona Lisa. Al pie se lee LHOOQ que puede traducirse literalmente como “ella tiene el culo caliente”. Digamos, por de pronto, que Duchamp “usa” una imagen devenida objeto de culto en el Museo del Louvre en París. Para ponderar la estatura de la transgresión, basta hacer notar que estamos ante una de las obras históricas más conocidas de Leonardo.

Más allá de una pretendida “degradación” del arte tradicional, lectura que no puede disimular su carácter moral, verdadera acusación contra los excesos y desmesuras del nihilismo, es menester volver sobre la cuestión con una nueva mirada. Habría que repetir con Nietzsche que estamos ante “el apóstol de un dios desconocido”, habría que consentir con Rorty cuando nos enseña que lo único que, legítimamente, podemos hacer con los textos de otros es “usarlos”. En pocas palabras, debemos dejar de lado el lastre de los juicios de valor para intentar esclarecer, mínimamente, la pregunta sobre la condición del arte y la cultura contemporáneos. Una interrogante que nos obliga a repensar los bigotes de la Mona Lisa, ya no como una charada inane sino como signo. Un signo abisal que nos propone un arte a martillazos que reclama y exige concebir un nuevo régimen de significación .Debemos tomar muy en serio a Jameson cuando califica a Duchamp de “postmoderno” avant la lettre.

La condición de la cultura en el siglo actual es susceptible de ser caracterizada a partir de tres vectores fundamentales que están orientando su mutación, a saber: La convergencia tecno-científica que redunda en el despliegue de las tecnologías numéricas como fundamento y condición de posibilidad de la Híper Industria Cultural. La expansión, a nivel planetario, de las llamadas Sociedades de Consumidores como modo de vida en el tardo capitalismo, y finalmente, la Crisis de los Lenguajes tradicionales de las artes desarrollados los últimos siglos.

Es claro que cada uno de estos vectores apunta a cuestiones de diverso orden, así, es evidente que la sociedad de consumidores afecta la dimensión económica-cultural, en cuanto inscribe cualquier realización simbólica en la lógica del flujo de mercancías. Lo mismo podría decirse de la crisis de los lenguajes estéticos en relación a los modos de significación. En efecto, advertimos que junto al proceso de reificación de los signos que culmina en un arte de superficie, subyace también una crisis de sentido que bien merece una reflexión.

El gesto de Marcel Duchamp nos interpela a casi un siglo de distancia, poniendo en evidencia como lo hará Benjamin, el declive de lo original como criterio de legitimidad estético. El gesto dadaísta nos muestra una reproducción técnica de la Gioconda no sólo como ícono andrógino sino desprovisto de todo presunto valor de culto, rompiendo así el muro, muro reaccionario, digámoslo, que encarcela el arte en los museos, desgravándole de toda su carga subversiva, de su conexión profunda con la Vida.

Por Álvaro Cuadra*
Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados.
ELAP. Universidad ARCIS CHILE


*COLABORACION INEDITA Y EXCLUSIVA AL PROYECTO: La originalidad en la cultura de la copia. Universidad Autónoma. Ciudad Juárez. México. 2010

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